Entre rosas rojas y geranios amarillos,
caminatas en el trigal,
tus consejos florecen en mí.
Entre duraznales y cantos de las aves,
tu risa ilumina los días grises.
Tu presencia hace que la naturaleza
se vea más viva.
Entre el aroma de café
y el calor de tus abrazos,
como el sol que acaricia la tierra
y la brisa suave que calma el alma,
tu amor ha sido fortaleza,
refugio sin condición en medio de la tormenta.
Cuando te busco, en ti encuentro paz,
como aquel árbol fuerte
que da sombra y protección.
Eres raíz y cielo,
fuego que nunca quema,
canción que no olvido,
hogar al que siempre regreso.
Elevo mis ojos al cielo,
agradecida por poder llamarte Mamá.
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